Oliver Jeffers en Revista Ya

>> miércoles, 15 de diciembre de 2010

El increíble irlandés dibujalibros
Por: Esteban Cabezas

Hubo una vez un irlandés que, como todos los irlandeses, llevaba en el código genético aquello de contar historias. Que partió como artista y que de a poco fue creando una forma propia de narrar con sus dibujos. Que apenas sobrepasa los treinta y ya tiene un nombre mundial en el anaquel de los libros ilustrados para niños. Porque cada uno de sus cuentos es el que le hubiera gustado leer cuando pequeño. Y para captar la atención de un irlandés, vaya que es difícil la tarea.

"Había una vez una niña, como cualquier niña" es el comienzo de El corazón y la botella. Y se trata de una pequeña preguntona, insaciable de saber, amiga de la duda, que siempre se acerca a un adulto mayor -no se sabe si es su padre o su abuelo- para ir a exponerle sus cuitas. Y este hombre generoso va regando pausadamente a esta planta con sus conocimientos, hasta que un día el sillón aparece vacío.
Y la niña, que no quiere volver a sufrir una pérdida como ésta, encierra su corazón en una botella.
¿Qué pasa después?
Bueno, hay que leer el libro, porque ningún resumen puede transmitir lo que logra Oliver Jeffers con su desenlace. Es como el zumo concentrado de diez años de psicoterapia, entregado en un cómodo formato que parece destinado para niños, pero que en este caso es una de esas obras que pueden ser leídas entre los 8 y los 80 años. Y no es que Jeffers sea un nuevo gurú de la autoayuda. No. Es un flacuchento amigable que anda lleno de lápices, con una aplastada libreta de apuntes en el bolsillo posterior del blue jeans y que tiene una cabeza capaz de transformar una anécdota de su Irlanda natal, como cuando un niño se robó un pingüino del zoológico, en un cuento que ya está multitraducido urbi et orbe.
Entonces, volvamos a partir para continuar: había un irlandés que, como cualquier irlandés, le gustaba contar cuentos. Pero éste en particular lo hacía con dibujos. Y cuando pasó por Chile de visita, hace un par de semanas, también nos contó algo de su propia historia.

El skater integrado

Desde sus inicios, la historia de Jeffers tiene un twist. Porque nació en Australia, pero creció en la tierra de sus padres hasta la adultez. ¿Por qué? Porque sus progenitores vivían en Oceanía huyendo del escenario violento de su tierra, Irlanda del Norte, hasta que decidieron tomar el vuelo de retorno con su hijo en brazos.

-Cuando chico, en el colegio ¿eras el nerd o el chico problema?
-Cuando pequeño era el difícil, hasta que mis padres me cambiaron a un colegio integrado, que aceptaba a católicos y protestantes, y a partir de ese momento pasé a ser algo más cercano a un nerd, más calladito, casi de forma instantánea.

Ya en esa época a nuestro protagonista le gustaba el dibujo. Copiaba algunas cosas de Asterix. Luego se vio forzado, por el sistema educativo de su país, a ir tomando decisiones y determinaciones cuando apenas tenía catorce años. Pero el tiempo le dio la razón. Sus papás, muy de mente abierta, estuvieron allí siempre para apoyarlo. Lo mismo que su abuela, que hasta el día de hoy es su "fan número uno", ya que compra grandes cantidades de cada uno de sus libros, para regalárselos a amigos y parientes.
Y podríamos seguir con esta parte de su vital currículum, pero ya está bueno de genealogía y pequeña historia (aunque es gracioso saber que el joven Jeffers fue skater).
Ahora es el turno del creador.
Fue una de sus pinturas, la de una gran estrella con un pequeño parado sobre una de sus puntas, el punto de partida de su actual estatus. Conservando algunas de las pautas de su arte más estático, Jeffers fue distribuyendo en las páginas esta narración de un niño de gorro que lo único que quiere es alcanzar y capturar un astro. Y como sea, hasta coqueteando con el absurdo, e instalado en medio de unos paisajes minimalistas y desolados que ya son constitutivos de un estilo.
Página a página sus esfuerzos se ven frustrados, hasta el final.
"Esta idea partió cuando vi el reflejo de una estrella en un charco de agua, en un mercado de pescados. Todo se fue generando a partir de esa situación", cuenta el creador con una sencillez de artesano que nunca lo deja. Y si alguien le preguntara algo más, ni se complica. Total, para él la verdad es la que manda: la anécdota inicial rescatada en la libreta, el número de pincel que usó para pintar ese mar o el recurrir a la acuarela cuando partió, porque era mucho más barata. Por lo menos al describir la factura de sus obras, la narración de Jeffers no puede ser más franciscana, pero las lecturas de los mismos -ya uno enfrentado a sus libros- resultan ser harto menos sencillas.
No es que sea difícil. Para nada. Pero algo pasa con sus monitos de patas flacas que resisten, o que exigen, más de una pasada frente a los ojos.

No hay primero sin segundo

Perdido y encontrado fue su segundo libro, en el que un pingüino aparece en la puerta de la casa de un niño. Sorprendido primero, cooperativo después, el protagonista se lanza a lograr que este extraño animal -aparecido de la nada- pueda volver a su hogar.
Y cuando el tozudo salvador (los héroes de Jeffers son así: porfiados y obsesivos, la verdad) logra su objetivo, dice adiós y ya va de vuelta, es entonces que descubre que su verdadera misión no era dejar al pingüino parado sobre la nieve. Porque al ir remando no siente, para nada, la satisfacción de la buena obra hecha. Lo que sí le embarga es una creciente soledad. La misma, y ahí lo entiende todo, que debe de estar sufriendo su nuevo amigo.
No alcanza para llanto, pero lo roza, y como dijo en su presentación el director de la Escuela de Diseño de la Universidad Diego Portales, Federico Sánchez, "en ese momento, al terminar el libro, uno se acuerda de todos los amigos-pingüino que tiene o tuvo".
Ya con estos dos libros "emotivos" publicados, Mr Jeffers busca romper ese molde y ese encasillamiento y presenta un trabajo distinto, arriesgándose a que las editoriales no lo consideren. Pero a la laaaarga lo hacen, después resulta un éxito y -por el tema de la apuesta poco asegurada-, para su autor este título "tiene algo especial", comenta.
Y remata: "Porque me costó muchísimo que lo publicaran".
Y claro que es distinto a sus comienzos, porque trata de un niño que disfruta comiendo libros. Y que asimila, al zampárselos, el contenido de cada uno de ellos. De hecho, la tapa trasera de esta singular edición tiene la marca de una mordida en una de sus esquinas, como si ese minigastro-bibliófilo lo hubiera catado alguna vez.
Más recargado en estilo, El increíble niño comelibros también incorpora unos cuantos guarismos matemáticos como parte de la decoración, lo que no es tan sorprendente al ver algunos de los cuadros de Jeffers en su sitio web -porque sigue con la doble militancia- que también incorporan estos cálculos. Y al quedar al descubierto, con la camisa arremangada, que en uno de los brazos lleva tatuada una fórmula, va apareciendo otra de sus obsesiones: que "el arte y la ciencia hacen inteligentes a los hombres", lanza como idea y ya va calentando motores. Luego toma vuelo para hablar de pensamiento emocional y pensamiento lógico, aparte de recordar las lecciones aprendidas de un profesor de física cuántica y de cómo él es un artista conceptual que se aprovecha del arte figurativo como herramienta... pero es mejor volver al menos alambicado mundo de los libros para niños.
Ya con este nuevo libro en carpeta, se hace evidente el estilo del autor y nadie le pide algo que no tenga su tono.
En las giras que ya se van dando, Jeffers se da cuenta de que cada niño de cada país piensa que el protagonista en las páginas que ha creado -el de la estrella, el del pingüino, el comelibros- es semejante a él y sus compañeros.
Que es un niño cualquiera (aunque en una situación que no es cualquiera).
Porque es un habitante sin una identidad excluyente, instalado en el mundo irónico -sutilmente irónico- de Mr Jeffers.

Algunos cambios

Y nuestro autor, que dio algunas conferencias en Chile, que se tomó unas cuantas Torobayo, que exhibió misterios de su vida en público y con humor, que visitó bibliotecas y firmó libros hasta quedar con los dedos lacios, cuenta de los últimos cambios en su propia historia. Como que vive en Nueva York, o sobre cómo torturó a un pequeño pariente para hacer una minipelícula casera de Perdido y encontrado, metiéndolo en el recinto de los pingüinos del zoo de Belfast (y eso que el actor odiaba a estos bichos). O mostrando a una nutrida concurrencia de futuros diseñadores de la UDP una promoción de su edición para iPad de El corazón y la botella, con la actriz inglesa Helena Bonham Carter narrando esos hechos que cobran nueva vida en el universo digital. Tampoco se ahorra el contar la novedad de que el primer libro publicado sin texto suyo, pero sí con sus dibujos, es del mismo autor del Niño con el pijama a rayas, John Boyne. Irlandés como él (por si alguien lo ha olvidado).
Y si bien entre sus últimos libros publicados en castellano hay uno, nuevamente, con un niño a cargo de la historia -De vuelta a casa-, también hay algo diverso para contar.
Primero, que una portada con un oso apoyado en un hacha junto a tres tocones de árbol es efectivamente lo que parece: un enigma por resolver ("como uno de Columbo", sugiere el autor). Y que en esta historia es un grupo de animales -y también un niño colorín, animal humano por lo demás- el que debe darle un final justiciero y un cierre explicativo a todo lo que acontece en El misterioso caso del oso.
Y si bien hay buenos chistes en sus páginas -como un chancho seleccionado para ser fiscal- tampoco es un libro sencillito sencillito. No es que sea difícil (de nuevo la misma cosa), pero sí es de esos que exigen al minilector que ponga más cacumen y algo de dedicación extra. ¿Mala cosa? Según el autor: "Hay que darles crédito a los niños. Y si no entienden algo, que aprendan a entenderlo": Algo que también pide El corazón y la botella, su último libro publicado en Chile.
Hombre duro, Mr Jeffers, que tiene muy en claro por qué, finalmente, hace los libros que hace. Porque alguna vez leyó, de pequeño, cosas que lo inquietaron mucho, como El árbol generoso, de Shel Silberstein (Nota del periodista: una obra maestra) y El lugar donde viven los monstruos, de Maurice Sendak. Que quedó con esas marcas, pero que en los años noventa se dio cuenta de que la pobreza creativa en materia de textos ilustrados era una norma. Que creyó poder hacer algo para cambiarlo (y lo hizo) y que, por fortuna, también hoy las cosas se están dando mejor, ya que estamos en una era dorada en la materia, con nuevos autores y la confianza de las editoriales puesta en los libros álbum. Porque el género humano siempre va a necesitar historias, dice entusiasmado Oliver Jeffers, y si el contenedor cambia el papel por lo digital, de todas formas tiene que haber un cuento para contar.

Sus obras disponibles en Chile.

Estos son los libros de Oliver Jeffers editados en Chile, todos por Fondo de Cultura Económica:
- Cómo atrapar una estrella
- Perdido y encontrado
- El increíble niño comelibros
- De vuelta a casa
- El misterioso caso del oso
-Pack Había una vez un niño (con miniversiones de Perdido y encontrado, Cómo atrapar una estrella y De vuelta a casa).

Jeffers virtual

En Youtube pueden encontrarse un par de videos muy graciosos de Oliver Jeffers hablando de sus trabajos (Oliver Jeffers author video), cuando usaba un mostacho entre zapatista y de anarquista italiano. También está el aviso de promoción de su versión iPad para El corazón y la botella, y trozos de animaciones basadas en sus libros. ¿Sitio oficial? www.oliverjeffers.com

Fuente: Revista Ya

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