Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile, de Pablo de Rokha

>> jueves, 28 de julio de 2011

Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile
Pablo de Rokha
Edición con recetario de Juan Pablo Mellado

Publicado el año 1949 en Carta Magna de América con el título de "Teogonía y cosmogonía del libro de cocina (Ensueño del infierno)", el poema Epopeya de las comidas y bebidas de Chile, junto con La escritura de Raymundo Contreras y "La posada de don Lucho Contardo", representa el intento extremo de una obra y de un poeta extremos por refundar lo nacional. Más allá de sus monumentales logros y monumentales desaciertos, Pablo de Rokha nos muestra una cartografía no igualada de emociones, afectos, simpatías, odios y rechazos, mediante un lenguaje llevado al límite donde el prosaísmo, junto con ser expuesto en toda su alucinante crudeza, adquiere la intensidad solemne y trágica de las grandes exequias, de las liturgias, de los oráculos. Apelando a las jergas "bajas", orgiásticas y preñadas del habla, la obra de Pablo de Rokha significó, para el castellano, el corte más profundo con lo que hasta ese momento se entendía por poesía. Mucho más radicalmente que Vicente Huidobro y décadas antes de la revolución de la antipoesía, de Rokha, con Los gemidos publicado en 1922, el mismo año en que aparecen Ulises de James Joyce, The Waste Land de T.S. Eliot y Trilce de César Vallejo, anticipó las grandes transformaciones literarias que sobrevendrán en la literatura del siglo pasado: la fusión de la poesía y la prosa, el flujo de la conciencia, la supresión de los signos de puntuación. Nadie en nuestra lengua había mostrado como Pablo de Rokha un idioma más programáticamente enraizado en las hablas populares, como nadie tampoco develó como él la profunda musicalidad, la sinfonía casi abstracta de una lengua en particular, la lengua chilena. Sin embargo, lo imporesionante es que esta nueva escritura no se agota en una propuesta estética, como en el caso del creacionismo, porque lo que se ha propuesto es la refundación de un territorio. Y refundarlo no desde el mito de La Araucana y su "región antártica famosa", sino desde las raíces grandiosas y heridas de lo popular.

Es lo que muestra la Epopeya de las comidas y bebidas de Chile. Junto con Pablo Neruda y Violeta Parra, Pablo de Rokha es el gran poeta de las toponimias de nuestro país, de los nombres de sus pueblos, comarcas, localidades, pero a diferencia de ambos, en quienes el uso de los nombres está a menudo sobredeterminado por su musicalidad, como en las tonadas del Canto general de Neruda, o por las exigencias métricas de la décima en Violeta Parra, en la epopeya rokhiana las toponimias responden a esa necesidad arcaica, propia de los génesis, de darles una identidad a las cosas, de asignarles su pertenencia para que no se disuelvan en lo aleatorio e indeterminado. El poema es así, tanto una celebración vitalista y desbordada de los adobos, aderezos y puestas en escena de una cocinería profundamente chilena, como la radiografía de un modo de sentir donde la obsesión por nombrarlo todo también debe ser comprendida como una desesperada defensa frente al presentimiento de una demolición arrasadora.

Lo que leemos entonces es un despliegue de descripciones traspasadas por una sexualidad perentoria, en el límite de la contención, en la que las comidas y las bebidas emergen en el escenario de un bautismo ancestral donde el nombrar es la garantía de la identidad y de la existencia. Son las múltiples locaciones de una geografía que es tanto sensorial como física, las que al ser pronunciadas renuevan ese pacto inmemorial mediante el cual los alimentos posibilitan la cultura. Serán entonces el "camarón de Huasco", "las empanadas de Colchagua", será "el vino de Pocoa" que "es enorme y oscuro en el atardecer de la República", o el vino "áspero de Quirihue o de Coihueco", en un contrapunto de vitalismo y agonía, de insatisfacción y orgasmo, presente en la totalidad de la obra rokhiana, pero que en la Epopeya alcanza su expresión máxima.

Porque, al igual que Neruda, el deseo es en de Rokha la cara más rotunda de lo real, la prueba irrefutable de la existencia, pero a diferencia de Neruda, donde la sexualidad es siempre triunfante, incluso cuando se hunde en la melancolía o en la materia como en Residencia en la tierra, en de Rokha es el arrebato urgente de poseer lo que no puede ser poseído porque la satisfacción del deseo, la saciedad, es la muerte. Aparecerán así el "costillar de chancho con ajo, picantísimo/ asado en asador de maqui, en junio, a las riberas del peumo" o "la patagua o el boldo que resumen la atmósfera dramática/ del atardecer lluvioso de Quirihue o de Cauquenes", imágenes que van fundiéndose en una erotización cada vez más apremiante donde "la niña más linda de Rancagua, levantándose el vestido bajo el manzano parroquial", junto a "ese jamón que está maduro de sal, a la soledad fluvial de Valdivia, y está dorado y hermoso como un potro percherón o una hermosa teta de monja que parece novia" o "comienza la vendimia, la cual se produce reventando pámpanos agarrados al sol/ encima de los pechos, del vientre, de los muslos de las muchachas, que habrán de/ estar de espaldas, con las piernas abiertas, riéndose". Todo está profundamente erotizado porque todo está a punto de desaparecer.

Es la irreparable tristeza que finalmente embarga a los paisajes rokhianos. De Rokha agiganta, reitera hasta lo desorbitado, estira las palabras, como si la misión de esas palabras fuese la de ocultar lo intolerable, otorgándole a lo real una eternidad que existe, y leer es una prueba de ello, pero que existe sólo en la profunda irrealidad del poema. Es la paradoja feroz e hiriente que nos muestra esta Epopeya de las comidas y bebidas de Chile, pero es también la paradoja feroz e hiriente que subyace a toda escritura y a toda existencia. En su desmesura, en su monumentalismo, en sus desorbitadas limitaciones y yerros, Pablo de Rokha entendió por todos nosotros esa paradoja sangrante. Se suicidó el 10 de septiembre de 1968. Quizás, tal vez, fue el más grande poeta del siglo XX.

Prólogo de Raúl Zurita
"Pablo de Rokha o la paradoja sangrienta de la escritura"

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